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Quiénes son losjuanetes.com

 

Las voces detrás de losjuanetes.com no son periodistas de oficio ni analistas de escritorio. Son un abogada que no quiso hablar de derecho, un arquitecto que lleva cincuenta años mirando la ciudad con rabia productiva, una psicóloga que convierte la clínica en política, un ingeniero que mezcla rigor académico con cerveza fría, un padre que interpuso una tutela por su perro y terminó escribiendo sobre el país, y otros que simplemente tenían ideas acumulándose y decidieron soltarlas.

Lo que los une no es una línea editorial. Es una incomodidad compartida.

Escriben sobre maternidad y sobre el extractivismo, sobre duelo y sobre la clase política colombiana, sobre urbanismo y sobre lo que supura cuando nadie lo atiende. Algunos tienen doctorado. Otros tienen un Juan en casa. Todos tienen algo que decir y la honestidad suficiente para decirlo sin permiso.

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Los Juanetes no es un medio de expertos. Es un medio de personas que se negaron a quedarse calladas, y que encontraron en las columnas lo que los grandes medios rara vez ofrecen: un espacio donde la verdad no necesita credencial para entrar.

Juan Ángel Chica Urzola

Ph.D. en Desarrollo Sostenible. Ingeniero Industrial. Docente universitario. Escribe sobre lo que sabe y sobre lo que le indigna, y muchas veces ambas cosas son lo mismo. Sus columnas van de la dimensión institucional del desarrollo sostenible a la hipocresía del aula, del rock y el cambio climático a los sofismas de la responsabilidad social empresarial. Con rigor académico y cerveza fría, convierte ideas complejas en conversación honesta.

Juan David Sepúlveda

Fundador por accidente. Columnista por convicción. Dice de sí mismo que es “alguien que desea a ratos compartir las ideas que se agolpan en su cabeza”, pero sus columnas delatan a alguien que observa el mundo con una incomodidad productiva y una lucidez difícil de fingir. Escribe desde el TikTok hasta García Márquez, desde los discursos apocalípticos del cambio climático hasta las relaciones laborales que nadie quiere llamar por su nombre. Sus columnas no buscan respuestas fáciles. Buscan las preguntas que nadie está haciendo en voz alta.

Laura Ordóñez Montoya

Abogada. Con un Juan en casa. Y con una advertencia clara desde el principio: no vino a hablar de derecho. Vino a hablar de lo otro, de lo que no suele tener columna: la maternidad sin filtros, la familia como construcción diaria e imperfecta, el cuerpo que no reconoces después de parir, la pregunta que nadie formula en voz alta sobre dónde termina la mamá y empieza una misma. Sus columnas no son consejos ni manuales. Son confesiones escritas con inteligencia y sin miedo al ridículo. Escribe sobre el tiempo, sobre los vínculos, sobre lo que duele y lo que, con suerte, deja de doler.

Ana Carolina Calvo Orrego

Psicóloga feminista. Terapeuta de duelo. Acompañante en violencia basada en género. Ella/She/Her. Y eso, en un medio donde al principio escribían solo hombres, ya era una declaración. Sus columnas no separan lo clínico de lo político, porque ella sabe que nunca han estado separados. Escribe sobre cómo una sociedad entera puede cargarle la espalda a una mujer por las decisiones de tres hombres, sobre el duelo como experiencia que nos saca de la normalidad, sobre los derechos que avanzan y retroceden, sobre lo que significa cuidar en un mundo que no remunera el cuidado. Escribe a título personal. Pero lo que dice le pertenece a todas.

Andrés Trece

Bogotano. Arquitecto. Cincuenta años de mirar la ciudad y no conformarse con lo que ve. Sus columnas habitan la tensión entre utopía y realidad, ese territorio incómodo donde Cioran se cruza con el POT de Bogotá, donde el urbanismo teórico choca contra la especulación del suelo y la expulsión silenciosa de los ciudadanos. Con su grito de batalla: “Maldito Salmona”, escribe sobre arquitectura como quien escribe sobre injusticia, porque para él son la misma cosa.

Jairo González

Bogotano. Casado. Padre. Dueño de un labrador negro de doce años. Y columnista que no pide permiso para opinar. Interpuso una tutela cuando le prohibieron usar el parque de su conjunto con su perro. Eso dice todo sobre él: alguien que no acepta la injusticia pequeña, porque sabe que ahí empieza la grande. Sus columnas van de lo doméstico a lo estructural sin perder el hilo. Compara la clase política colombiana con especies animales usando la etología como lente, desmonta las cortinas de humo que desvían la atención de lo urgente hacia lo irrelevante, y explica el país con refranes populares porque cree que la verdad no necesita jerga para ser entendida.

Jose Guerra Bonet

Ingeniero y Abogado. Especialista en Derecho Probatorio. Investigador. Sí, es de los que aplican el teorema de Bayes para pensar la prueba judicial. Pero en Les Juanetes no viene a hablar de derecho: viene a contar historias. Su serie Puro Cuento parte siempre de lo mismo: una anécdota familiar, un recuerdo, la letra de su padre, un profesor que cobraba en gallinas. Y desde ahí, sin perder la calidez del relato, llega a las neuronas espejo, a Ortega y Gasset, a por qué una sociedad termina imitando lo que aplaude. Lo personal y lo académico no son dos registros distintos para él: son la misma herramienta. Escribe sobre lo que se hereda sin darse cuenta, sobre los discursos que se normalizan porque alguien los repite primero, sobre cómo el odio también se aprende mirando. No busca el escándalo. Busca el patrón debajo del escándalo.

Emy Coronado Hernández

Politóloga con énfasis en Comunicación Política, Magister en Gestión Estratégica de la Información y el Conocimiento, y con estudios complementarios en Derechos Humanos y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Escribe sobre política, sociedad y vida cotidiana con una mezcla de criterio, ironía y sensibilidad. Cree que las ideas pueden discutirse sin cancelar al otro, que una buena conversación también necesita sentido del humor y que, a veces, el amor entiende mejor la democracia que los propios políticos. Le interesan más las preguntas incómodas que las respuestas fáciles y cree que el sentido común también merece ser cuestionado.