Hace poco hacia scroll en LinkedIn y me encontré con una publicación provocadora que me llamó poderosamente la atención. Palabras más, palabras menos, el autor planteaba que no estábamos aburridos, sino que a nuestra vida le hacían falta misiones secundarias (o Side Quests), un concepto sacado de los videojuegos, en el cual, además de la misión principal, podemos tomarnos el tiempo de hacer alguna otra cosa, para darle más diversión al juego.
La lista de misiones secundarias para la vida incluía, aunque no se limitaba a cosas como aprender otro idioma (además del inglés que ya es casi una obligación), aprender un instrumento, meterse a clases de pintura o artesanía, cocinar, conocer a alguien nuevo, leer un libro, o en fin, un sinnúmero de actividades que eran normales hasta el momento en que el trabajo nos ocupó totalmente y nos dejó sin tiempo de pensar. En estos tiempos modernos la idea de la productividad nos invadió hasta el punto de que podría verse normal la idea de que podríamos llorar en la ducha, a las 4 am, mientras se cocina el almuerzo para ser más productivos.
Entonces aparece esta idea revolucionaria, que nos plantea que la vida es mucho más que trabajar, y por un momento, inspirado en esa visión, quise hacer mi propia lista de tareas que quisiera completar para abandonar la rutina. Pero ahí fue cuando lo vi. Por más atractiva que era la idea, ahí estaba yo, otra vez, haciendo una lista de tareas, otro check list, y me puse a pensar.
¿Por qué creeríamos que para superar el tedio de la costumbre tenemos que estar ocupados haciendo otras cosas?
Esto al final es un poco de lo mismo… la productividad demanda que estemos siempre haciendo algo y pareciendo ocupados. No es bien visto quien se sienta a disfrutar un café mirando al infinito (aún si su mente no está apagada). Es por eso que las horas nalga se volvieron un estándar de gestión en primer lugar.
Pero ahora está idea de ser productivos quiere llenar también nuestro ocio. Ahora no nos sentamos horas a pasar un videojuego por el gusto de jugarlo, sino para marcar como cumplida una casilla que nos de evidencias, en el tablero de control, de que estamos haciendo y cumpliendo nuestras tareas… Me niego.
A partir de ahora no tendré una lista paralela de misiones secundarias, dejaré que sean la naturaleza, el deseo y la existencia las que determinen el rumbo de mi ocio. Tal vez así vuelva a dejar que el deseo tome el control que se ha ido perdiendo mientras estamos ocupados llenando las horas de cosas que sirven para pagar salud y pensión, y otras tantas que tienen el propósito de controlar las ansias de que al fin estamos haciendo algo útil para nosotros.Quizá sea el momento de pensar que estar ahí… en contemplación, también lo es.

