
Hay placeres que no cuestan nada. No necesitan una reserva, una compra, un viaje ni siquiera demasiado tiempo. A veces basta con darle play a una canción. Y entonces ocurre. Una canción puede cambiarnos el ánimo. Otra puede hacernos bailar mientras cocinamos. Una puede darnos ganas de manejar sin rumbo, de llamar a alguien,…