
Hay placeres que no cuestan nada. No necesitan una reserva, una compra, un viaje ni siquiera demasiado tiempo. A veces basta con darle play a una canción. Y entonces ocurre. Una canción puede cambiarnos el ánimo. Otra puede hacernos bailar mientras cocinamos. Una puede darnos ganas de manejar sin rumbo, de llamar a alguien,…

Hay días en los que ser quienes somos parece condenarnos a marchitarnos un poco. Como si el corazón fuera un barco de papel intentando cruzar un océano para el que nunca fue construido, navegando siempre con el miedo de deshacerse. Poco a poco aprendemos a convertirnos en un reflejo: una versión más conveniente de…